Prospección sísmica, varamientos, petróleo y cientos de hectáreas de bosque nativo amenazadas:
¿qué está pasando en Uruguay?
Por Lara Campiglia Artista plástica, empresaria uruguaya y directora de Reserva de Vida
Imágenes: Lara Campiglia (Foto Jose RISSO) y captura de la entrevista al ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, difundida en Instagram, cuya defensa de los controles aplicados a la prospección sísmica motivó esta columna.
Acabo de escuchar al ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, defender la prospección sísmica que se está realizando en el mar uruguayo y hablar de los controles y cuidados ambientales adoptados por el gobierno. Lo escuché y sentí indignación.
Una indignación física: dolor de estómago, náuseas y una profunda frustración. Porque mientras el ministro sostiene que Uruguay aplica algunas de las mayores exigencias ambientales del mundo, la ciencia internacional lleva décadas documentando los riesgos del ruido submarino impulsivo sobre cetáceos, peces, tortugas, cefalópodos y otros organismos marinos.
No estamos hablando de una molestia menor. Las campañas sísmicas emplean conjuntos de cañones de aire comprimido que producen pulsos acústicos extremadamente intensos y repetitivos.
Dependiendo del equipo y de cómo se exprese la medición, las fuentes pueden superar los 230 decibeles referidos a un micropascal a un metro.
Es importante aclararlo: los decibeles submarinos no pueden compararse directamente con los decibeles medidos en el aire. Pero eso no vuelve inocuo el procedimiento. La literatura científica ha asociado esta contaminación acústica con desplazamientos, alteraciones del comportamiento, interrupción de vocalizaciones, dificultades de comunicación y alimentación, respuestas de estrés y posibles daños auditivos temporales o permanentes.
También se han estudiado efectos sobre peces, invertebrados y cadenas alimentarias. Un estudio publicado en Scientific Reports, basado en más de 8.000 horas de observación, encontró durante campañas sísmicas una reducción promedio del 88% en los avistamientos de ballenas con barbas y del 53% en odontocetos frente a los relevamientos de control.
Una reducción de avistamientos no significa necesariamente que los animales hayan muerto: puede indicar que huyeron o fueron desplazados. Pero precisamente por eso, contar solamente los animales visibles alrededor de un barco no demuestra ausencia de impacto.
Consultar el estudio científico.
Hubo animales muertos. Lo que faltó fue una investigación suficiente.
El Ministerio informó que durante la campaña realizada en 2026 se registraron 487 avistamientos de fauna marina, 259 dentro del radio de mitigación de 1.000 metros.
También sostuvo que no se comprobaron muertes asociadas a la actividad. Sin embargo, en la entrevista que motivó esta columna, el ministro utilizó una formulación distinta: “No hubo afectación con muerte en las dimensiones y guarismos que se planteaban como posibilidad”. La frase no equivale a decir que no hubo muertes. Afirma que no se habrían producido en cierta magnitud, pero no informa cuáles eran esos guarismos, cuántas muertes se registraron, cuántos animales fueron estudiados ni con qué evidencia se descartó una relación con la actividad. ¿Cuáles eran esos guarismos? ¿Cuántas muertes conocía el Ministerio y qué cantidad consideraba admisible?
Pero esa conclusión oficial necesita ser examinada con mucho más rigor. Un observador situado en un buque puede detectar animales presentes en la superficie y suspender temporalmente la emisión cuando los ve dentro de un radio determinado. No puede ver a todos los animales sumergidos, detectar necesariamente lesiones internas, seguir a los individuos que se alejan ni conocer qué sucede a decenas de kilómetros. Tampoco puede concluir, simplemente porque no observó una muerte inmediata, que no hubo desplazamiento, estrés, alteraciones auditivas, abandono de áreas de alimentación o reproducción, daño en especies pequeñas o consecuencias acumulativas. No se puede descartar un daño que no se investigó. Sin fondos, necropsias suficientes y estudios especializados del sistema auditivo, afirmar que no hubo relación con la prospección no es una conclusión científica.
A esto se suma un hecho institucional alarmante: el propio Ministerio informó que tramita una sanción contra la empresa Searcher porque el buque SW Empress habría realizado actividades entre el 4 y el 12 de abril de 2026 en la plataforma continental extendida sin contar con autorización ambiental previa. Si un barco pudo operar varios días sin la autorización correspondiente, ¿cómo puede afirmarse que el sistema de control fue impecable? Leer el informe periodístico. Los varamientos exigen investigación independiente En los últimos meses, ciudadanos, organizaciones de rescate y grupos conservacionistas han registrado y denunciado la aparición de delfines, tortugas, aves, pinnípedos y otros animales muertos o moribundos en nuestras costas. El 24 de marzo de 2026, la Cámara de Industrias Pesqueras del Uruguay informó el hallazgo de una ballena muerta en alta mar, a unas dos millas de la ruta seguida por un buque de prospección. Esa proximidad temporal y espacial no demuestra por sí sola causalidad, pero exigía una investigación completa. El 26 de abril, una orca varó viva en Punta del Este y fue posteriormente eutanasiada por el equipo actuante ante la inviabilidad de su recuperación. Ambos episodios vuelven imprescindible que los procedimientos, muestras, imágenes, informes y limitaciones de las necropsias sean públicos y sometidos a revisión independiente. Estos registros son reales y deben investigarse. Sin embargo, Uruguay todavía no ha publicado una serie nacional histórica, homogénea, completa y auditada que permita establecer con precisión cuánto aumentaron los varamientos respecto de años anteriores, discriminados por especie, época, estado de conservación, causa de muerte y esfuerzo de observación. No sería científicamente correcto afirmar que cada animal encontrado murió como consecuencia directa de la prospección sísmica. Los varamientos pueden tener numerosas causas: captura incidental, enfermedades, ingestión de plásticos, contaminación, colisiones, desnutrición, tormentas, cambios oceanográficos y exposición a ruidos de origen humano, entre otras. Pero tampoco es científicamente correcto utilizar unas pocas necropsias, realizadas sobre una fracción mínima de los animales hallados, para descartar cualquier relación con la actividad acústica en toda la fauna marina. A esto se agrega una limitación decisiva señalada en la documentación y por especialistas que analizaron los informes: en las pocas necropsias disponibles no se habría realizado un estudio específico y completo del complejo auditivo —incluidos oído medio e interno— mediante las técnicas necesarias para buscar lesiones acústicas. Si no se examina el órgano directamente relevante para evaluar un posible trauma sonoro, esas necropsias no pueden utilizarse para descartar de manera concluyente el daño acústico. Esta limitación debe quedar expresamente informada y los protocolos futuros deben incluir extracción, fijación y análisis especializado del sistema auditivo. Encontrar parásitos en un animal no demuestra automáticamente que esa haya sido la causa primaria de muerte. Mucho menos permite explicar por sí solo un conjunto de episodios ocurridos en distintas especies y lugares. Sería como investigar a una persona que murió después de un choque frontal, descubrir que estaba resfriada y cerrar el caso diciendo que murió por el resfrío, sin examinar adecuadamente los órganos y lesiones que podrían revelar el trauma del impacto. La presencia de una afección previa no prueba que haya sido la causa determinante de la muerte. Para establecer causalidad se necesitan necropsias completas, análisis especializado del aparato auditivo, histopatología, toxicología y microbiología cuando correspondan, evaluación del estado corporal, información acústica y oceanográfica, trazabilidad de las operaciones y comparación con una línea de base previa. Si esa línea de base no existe o no está disponible públicamente, el gobierno no puede transformar la falta de información en una garantía de inocuidad. La pregunta correcta no es solamente: “¿Se demostró que la sísmica produjo este varamiento?”. También debemos preguntar: “¿El Estado desarrolló un sistema suficientemente amplio, previo e independiente para poder detectarlo?”. ¿Qué rentabilidad estamos defendiendo? Uruguay nunca ha realizado un descubrimiento comercial de petróleo o gas. Las expectativas actuales se apoyan, en parte, en semejanzas geológicas con la costa africana. Según cifras atribuidas a ANCAP, la probabilidad estimada de encontrar hidrocarburos en las áreas analizadas se ubicaría entre el 3% y el 23%. Pero encontrar hidrocarburos no equivale a encontrar un yacimiento técnica y económicamente explotable. Mucho menos demuestra que el beneficio económico para Uruguay vaya a compensar los riesgos ambientales, climáticos y productivos. Las zonas concesionadas alcanzan profundidades de hasta 4.000 metros. Una explotación en esas condiciones sería compleja, costosa y riesgosa. Antes de presentar el petróleo como una oportunidad para el país, deberían publicarse evaluaciones económicas independientes que contemplen todos los costos: infraestructura, 5 Lara Campiglia · ECO · Julio de 2026fiscalización, posibles accidentes, daños ambientales, impacto sobre la pesca y el turismo, responsabilidad por derrames, abandono de instalaciones y emisiones futuras. La existencia de empresas interesadas prueba que existe una oportunidad comercial para esas empresas. No demuestra que exista una conveniencia económica, social y ambiental para Uruguay. La pesca ya había advertido sobre las pérdidas La preocupación de la industria pesquera no comenzó en 2026. En 2017, diecinueve empresas iniciaron una demanda contra ANCAP por las campañas sísmicas realizadas en 2013 y 2014. Según el expediente reseñado entonces por la prensa, las empresas alegaron una merma de entre 30% y 40% en determinadas capturas de pesca de arrastre, especialmente corvina y pescadilla de calada. Ese porcentaje corresponde a lo sostenido por las empresas demandantes: no debe presentarse como una relación causal ya demostrada por una sentencia ni como una medida aplicable a todas las especies y períodos. Pero tampoco puede borrarse de la historia oficial. Es un antecedente económico concreto que exigía una línea de base pesquera independiente antes de autorizar nuevas campañas. La literatura internacional ofrece razones adicionales para investigar. Revisiones científicas han reunido estudios que registraron reducciones de capturas de entre 40% y 80% cerca de campañas sísmicas para ciertas especies, artes de pesca y condiciones. Esos resultados no pueden trasladarse mecánicamente a Uruguay, pero demuestran que el riesgo económico no es imaginario y que debía cuantificarse antes, durante y después de la operación. Javier Sánchez Tellechea, investigador en bioacústica de la Universidad de la República, ha explicado que la afectación no se evidencia únicamente mediante animales varados: puede expresarse como pérdida de audición, desorientación, cambios de comportamiento o efectos que aparecen días o meses después. También advirtió que los pulsos pueden afectar peces, tortugas, huevos, larvas y plancton. Al mismo tiempo, señaló con rigor que una eventual baja de capturas no puede atribuirse exclusivamente a la sísmica sin analizar también variables climáticas y oceanográficas. Precisamente por eso se necesitaban estudios previos, series comparables y monitoreo independiente. Sin ellos, el gobierno no puede presentar la falta de una cifra concluyente como prueba de que no hubo pérdida. 6 Lara Campiglia · ECO · Julio de 2026¿Cuánto vale una biodiversidad que apenas conocemos? Antes de defender los posibles ingresos del petróleo, Uruguay debería publicar una evaluación económica independiente de aquello que pone en riesgo. No solamente el valor comercial de la pesca, sino también los servicios del ecosistema marino: regulación climática, captura y almacenamiento de carbono, producción de oxígeno, ciclos de nutrientes, protección costera, turismo, investigación científica, patrimonio cultural y seguridad alimentaria. No encontré una valoración pública, integral e independiente que calcule para Uruguay la pérdida potencial de ese capital natural frente a la prospección, una eventual perforación y el riesgo de derrames. Sin esa cuenta, cualquier balance de rentabilidad está incompleto: se exhibe el beneficio hipotético y se oculta el costo ecológico. La expedición Uruguay SUB200 fue presentada oficialmente como un viaje hacia ambientes marinos desconocidos y vulnerables. Encontró corales, esponjas, cañones, emanaciones frías y organismos que recién comienzan a estudiarse. ¿Cómo puede asegurarse que una intervención es económicamente conveniente si todavía desconocemos buena parte del patrimonio biológico expuesto? La franciscana —Pontoporia blainvillei— muestra por qué esta discusión no es abstracta. No es endémica exclusivamente del Río de la Plata, sino de las aguas costeras de Brasil, Uruguay y Argentina. Está clasificada como Vulnerable por la UICN y figura en los apéndices I y II de la Convención sobre Especies Migratorias. El propio Ministerio de Ambiente la reconoce como especie prioritaria y en 2026 promovió, junto con Argentina y Brasil, una acción concertada para fortalecer su protección. ¿Cuánto vale la vida de una franciscana? ¿Cuánto vale una especie que no puede reemplazarse una vez extinguida? La economía puede estimar servicios ecosistémicos y costos de restauración, pero ninguna cifra captura por completo el valor intrínseco de una forma de vida ni la irreversibilidad de su desaparición. La evaluación mundial de valores de la naturaleza de IPBES advierte precisamente que las decisiones públicas no deben considerar únicamente valores monetarios: también deben reconocer los valores intrínsecos, culturales, relacionales y compartidos de la 7 Lara Campiglia · ECO · Julio de 2026biodiversidad. Una especie no vale solamente por lo que produce para los seres humanos. La promesa petrolera también debe ser examinada Prestemos atención a los países cuyas economías dependen fuertemente de la extracción de recursos. La riqueza del subsuelo no garantiza bienestar distribuido, protección ambiental ni reducción de la desigualdad. Sin instituciones fuertes, transparencia y diversificación económica, puede profundizar dependencias y dejar los costos sociales y ecológicos en manos de la población. Namibia merece una precisión: todavía no es un país productor de petróleo. Es un país con importantes descubrimientos offshore y con la expectativa de comenzar a producir hacia 2030. Por eso no sería correcto atribuir al petróleo su pobreza actual. Pero sí es una advertencia contra las promesas fáciles: el Banco Mundial señala que continúa entre los países más desiguales del mundo y que sus niveles de pobreza siguen siendo altos para su ingreso. Además, en 2025 Shell dio de baja contablemente un descubrimiento offshore por unos 400 millones de dólares al considerarlo técnica y comercialmente inviable. Encontrar hidrocarburos no garantiza poder explotarlos de forma rentable. ¿Queremos copiar una apuesta extractiva incierta, en lugar de proteger aquello que Uruguay ya posee: agua, biodiversidad, pesca, turismo, estabilidad institucional y una matriz eléctrica reconocida por sus fuentes renovables? Del océano al bosque nativo Al mismo tiempo, el proyecto de represa de Casupá amenaza con afectar aproximadamente 426 hectáreas de bosque nativo y cerca de 787 hectáreas de pastizales naturales, según estimaciones divulgadas a partir de estudios encargados por OSE. No son “unas hectáreas” intercambiables. Un bosque nativo no es solamente un conjunto de árboles. Es suelo, agua, hongos, microorganismos, aves, mamíferos, insectos, polinizadores, semillas y décadas —a veces siglos— de relaciones ecológicas. No puede trasladarse ni reconstruirse mediante una compensación aritmética. Además, la presa se proyecta sobre el arroyo Casupá, dentro de la cuenca del río Santa Lucía: la misma gran cuenca de la que ya depende el abastecimiento de agua potable del área metropolitana. El proyecto oficial interceptaría una subcuenca de unos 685 kilómetros cuadrados. Consultar la documentación ambiental oficial. Es legítimo que Uruguay busque seguridad hídrica. Lo que no es legítimo es presentar una obra de semejante impacto como si la destrucción de bosque y pastizal nativo fuera un detalle secundario. No alcanza con decir que existen controles Los controles importan, pero no convierten una actividad riesgosa en una actividad inocua. Tener observadores a bordo no elimina el ruido que se propaga bajo el agua. Establecer un radio de mitigación no protege necesariamente a los animales situados fuera de él. Suspender una emisión cuando aparece una ballena no protege a peces, huevos, larvas, invertebrados ni animales que no fueron detectados. Y realizar algunas necropsias sin un examen especializado del sistema auditivo no sustituye un programa nacional, independiente y transparente de vigilancia epidemiológica y ambiental. Frente a la incertidumbre científica y a la posibilidad de daños graves o irreversibles, debe aplicarse el principio precautorio. Ese principio no exige esperar a que aparezca una montaña de cadáveres para actuar. Exige prevenir cuando existen indicios razonables de riesgo, especialmente si la información disponible es insuficiente. Como ciudadana, exijo respuestas ¿Cómo puede ser que una ciudadana, informándose con biólogos, veterinarios, oceanógrafos, economistas y organizaciones ambientales, encuentre tantas preguntas sin responder, mientras las autoridades hablan como si todo estuviera bajo control? ¿Quién supervisa verdaderamente a las empresas? ¿Quién controla la calidad y la independencia de los controles? 9 Lara Campiglia · ECO · Julio de 2026¿Dónde están los datos completos de varamientos anteriores, durante y después de las campañas? ¿Cuántos animales fueron necropsiados y qué porcentaje representan del total hallado? ¿Se estudió de manera especializada el sistema auditivo de cada ejemplar? ¿Dónde están los datos acústicos originales, las interrupciones de la actividad y los recorridos completos de los buques? ¿Dónde está la evaluación económica independiente que demuestre que una eventual explotación en aguas ultraprofundas sería rentable para Uruguay? ¿Quién decidió que podemos arriesgar nuestro océano por una posibilidad todavía incierta? ¿Y cómo puede el mismo país que promete proteger la biodiversidad considerar aceptable la afectación de cientos de hectáreas de bosque nativo? No me siento escuchada. Me siento frustrada y profundamente dolida ante una forma de gobernar que parece haber naturalizado que primero se decide y después se intenta justificar ambientalmente lo decidido. No quiero que el Ministerio de Ambiente funcione como una oficina encargada de explicar por qué determinadas actividades extractivas pueden realizarse. Quiero que sea el organismo que se anime a decir que no cuando los riesgos son demasiado grandes, la información es insuficiente o los daños pueden ser irreversibles. No necesitamos discursos tranquilizadores. Necesitamos datos abiertos, ciencia independiente, participación ciudadana verdadera, controles eficaces y decisiones compatibles con la protección de la vida. Uruguay no puede seguir confundiendo desarrollo con destrucción. Nuestro mar no es un terreno baldío. Nuestro bosque nativo no es una superficie descartable. La naturaleza no es una moneda de cambio. 10 Lara Campiglia · ECO · Julio de 2026¿Qué está pasando en el Uruguay profundo? ¿Dejamos de razonar? ¿Ya no nos importa nada? Despertemos, Uruguay. Para ampliar, verificar y participar Todos los títulos de esta página son enlaces activos. Al tocar cada uno se abre la fuente en el navegador. ECO Lara Campiglia Noticias, investigación y reflexión ambiental. Vitamina SEA Conciencia oceánica, ciencia y conexión con el mar. Reportar animales encontrados en la costa Acceso desde la portada de ECO al formulario ciudadano de avistamientos. Observatorio Ambiental Nacional Documentación oficial uruguaya sobre proyectos y prospección sísmica. Proyecto de presa del arroyo Casupá Expediente y documentación ambiental oficial. Estudio en Scientific Reports Efectos de campañas sísmicas sobre los avistamientos de cetáceos. Revisión sobre impactos de cañones de aire sísmicos Documento científico alojado por el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Informe sobre la posición del Ministerio Controles, avistamientos y sanción en trámite informados en mayo de 2026. Ballena hallada cerca de la ruta de prospección Registro del hallazgo informado el 24 de marzo de 2026. Orca varada y eutanasiada en Punta del Este Crónica del episodio ocurrido el 26 y 27 de abril de 2026. Banco Mundial: diagnóstico de Namibia Pobreza elevada para su nivel de ingreso y persistencia de una desigualdad extrema. La inviabilidad comercial de un hallazgo en Namibia Shell dio de baja un descubrimiento offshore por dificultades técnicas y comerciales. Antecedente pesquero de 2017 Diecinueve empresas alegaron mermas de 30% a 40% en determinadas capturas. Advertencias de Javier Sánchez Tellechea Impactos acústicos y límites para atribuir una baja de capturas a una sola causa. Udelar: ruido submarino como contaminante Presentación académica del investigador especializado en bioacústica. Convención sobre Especies Migratorias: franciscana Distribución regional, categoría Vulnerable y protección internacional. IPBES: los múltiples valores de la naturaleza Valor económico, intrínseco, cultural, relacional y compartido de la biodiversidad. Uruguay SUB200: ecosistemas desconocidos y vulnerables Presentación oficial de la expedición científica del margen continental.

