Antes de entrar al monte, Soledad García Jacobo hace una oración. Pide protección para ella y para las otras mujeres que la acompañan en la caminata. Todavía no amanece por completo cuando comienzan a subir por los senderos de La Chinantla, en Oaxaca, una de las regiones más biodiversas y húmedas de México. La noche anterior, las mujeres se reunieron en la casa de una de ellas, en el pueblo de San Pedro Teozacualco, para prepararse para la expedición. Se llevaron comida, agua y cámaras trampa, que son dispositivos que capturan imágenes de animales sin lastimarlos. Las monitoras, como se les conoce, son mujeres de la comunidad chinanteca que se dedican a proteger el bosque y los animales que viven en él. Su trabajo es fundamental para mantener la biodiversidad de la región y para que los animales puedan seguir viviendo en su hábitat natural.
Las monitoras trabajan en estrecha colaboración con la organización conservacionista Pronatura, que les proporciona capacitación y equipo para realizar su trabajo. También trabajan con la comunidad local para educar a los habitantes sobre la importancia de proteger el bosque y los animales. Las monitoras son mujeres de diferentes edades y ocupaciones, pero todas comparten un objetivo común: proteger el bosque y los animales que viven en él. Su trabajo es fundamental para mantener la biodiversidad de la región y para que los animales puedan seguir viviendo en su hábitat natural.
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