Thomas Crowther comienza su libro con una mordedura de serpiente que no era, en ningún sentido convencional, peligrosa. El peligro vino de la interpretación. Una especie mal identificada, un aumento de la ansiedad, y un cuerpo que respondió como si la amenaza fuera real: la numbreza se extendió, la ansiedad se intensificó, y la situación se escaló hasta que una segunda opinión la disolvió casi instantáneamente. […]
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