"Cuando nos trajeron a Joy, pensamos que era un mono," dice Esther. Un cazador había llegado a su aldea en el estado malasio de Sabah, en la isla de Borneo, para vender carne salvaje. Le mostró a Esther (no es su nombre real) y a su esposo un primate de semanas de edad con brazos largos, piel oscura y grandes ojos.
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