En las costas uruguayas, el rescate de fauna marina dejó de ser una excepción para convertirse en una necesidad recurrente. Animales heridos, enredados en residuos humanos o debilitados por la contaminación aparecen cada semana en playas, escolleras y zonas portuarias. Frente a ese escenario, una de las iniciativas más visibles y activas es SOS Rescate Fauna Marina, un proyecto impulsado y sostenido por Richard Tessore, cuya labor se ha transformado en un punto de referencia ineludible dentro del activismo ambiental costero en Uruguay.
SOS Rescate Fauna Marina surge como respuesta a una realidad concreta: la falta de respuestas rápidas y efectivas ante emergencias con animales marinos. Lejos de tratarse de una organización tradicional con estructura formal compleja, el proyecto nace desde la acción directa, el compromiso personal y la urgencia cotidiana.
Richard Tessore comienza a intervenir ante casos puntuales que llegan por llamados de vecinos, pescadores o personas que se encuentran con animales en situación crítica. Con el tiempo, esas intervenciones se multiplican y se vuelven sistemáticas, dando forma a una red informal de rescate que hoy opera de manera casi permanente a lo largo de la costa.
La actividad principal del proyecto es el rescate y asistencia inmediata de fauna marina, entre ellas:
- Lobos marinos atrapados en redes, sogas o restos de aparejos de pesca.
- Tortugas marinas afectadas por ingestión de plásticos o debilitamiento extremo.
- Aves marinas con heridas, contaminación por hidrocarburos o incapacidad para volar.
El trabajo incluye la evaluación en el lugar, la liberación del animal cuando es posible, primeros auxilios básicos, contención y, en los casos que lo requieren, la coordinación con veterinarios, centros de rehabilitación u organismos públicos.
Uno de los rasgos distintivos de SOS Rescate Fauna Marina es su lógica de acción: intervenir cuando la espera implica la muerte del animal. En muchos casos, los protocolos oficiales no llegan a tiempo o directamente no se activan. Frente a esa realidad, el proyecto asume riesgos que otras estructuras no pueden o no quieren asumir.
Esta forma de operar ha generado apoyo ciudadano, pero también controversias. La falta de recursos, la exposición a situaciones peligrosas y la ausencia de respaldo institucional estable son parte de un trabajo que se sostiene, en gran medida, por la convicción personal y el apoyo voluntario.
El trabajo de Richard Tessore y de SOS Rescate Fauna Marina no está exento de cuestionamientos. Algunos sectores señalan la falta de estructura formal, otros advierten sobre los riesgos de intervenciones no institucionalizadas. También existen tensiones con organismos oficiales respecto a competencias y protocolos.
Sin embargo, incluso entre los críticos aparece un punto de coincidencia: muchos de los animales rescatados no habrían recibido ninguna ayuda sin esta intervención directa. La discusión, entonces, no es solo sobre métodos, sino sobre ausencias estructurales.
SOS Rescate Fauna Marina no reemplaza políticas públicas, ni centros de rehabilitación, ni estrategias de conservación a largo plazo. Tampoco pretende hacerlo. Su existencia, sin embargo, pone en evidencia un sistema que no logra cubrir todas las emergencias que genera el impacto humano sobre el ecosistema marino.
El proyecto opera en el espacio incómodo entre lo que debería existir y lo que efectivamente existe. Allí donde el sistema no llega, alguien tiene que actuar.
El valor de SOS Rescate Fauna Marina no se limita a la cantidad de animales asistidos. Su impacto más profundo está en la conciencia social que genera. Cada rescate documentado interpela, incomoda y obliga a repensar la relación con el ambiente costero.
En un contexto donde la crisis ambiental suele discutirse en términos abstractos, esta iniciativa devuelve el problema a su escala más real: la vida concreta que se pierde o se salva en cada intervención.
La existencia misma de SOS Rescate Fauna Marina es una señal de alerta. Mientras siga siendo necesario un rescate tras otro, el problema de fondo continuará sin resolverse. Pero mientras tanto, la urgencia no espera.
Entre la falta de recursos, la presión ambiental y el silencio institucional, este proyecto ocupa un lugar incómodo pero indispensable: el de quienes actúan cuando mirar hacia otro lado ya no es una opción.

