Desde 2018, las ballenas grises comenzaron a detenerse regularmente en la bahía de California, en San Francisco, donde son vulnerables a los impactos de los barcos en uno de los puertos más concurridos de los Estados Unidos. En respuesta, los investigadores han desplegado una red de monitoreo de cámaras térmicas y software de inteligencia artificial para alertar a los barcos cuando las ballenas están presentes en la bahía para evitar accidentes.
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