Andrea Vicente se levanta a las 4 de la mañana para empezar su jornada de trabajo. Vive en una pequeña comunidad ubicada en la vertiente norte de la Cordillera Tunari, una fracción de la Cordillera de los Andes y uno de los bosques andino-tropicales más biodiversos de Bolivia. A esa hora prepara el desayuno para su familia y luego se dirige a la zona de restauración de bosques, donde se encuentra con otras mujeres de su comunidad.
Las mujeres kewiña, como se autodenominan, han estado trabajando durante años en la restauración de los bosques andinos de la región. Su objetivo es proteger el agua y la biodiversidad de la zona, que están amenazadas por la deforestación y la minería.
La comunidad kewiña ha desarrollado una serie de técnicas y prácticas para restaurar los bosques, que incluyen la siembra de árboles nativos, la creación de corredores ecológicos y la protección de áreas de conservación.
Andrea Vicente explica que la restauración de los bosques es fundamental para la supervivencia de su comunidad. ‘Si no tenemos bosques, no tenemos agua, no tenemos alimentos, no tenemos vida’, dice.
La iniciativa de las mujeres kewiña ha sido reconocida a nivel nacional e internacional, y ha inspirado a otras comunidades a tomar medidas para proteger su medio ambiente.
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