AGHAVNADZOR, Armenia — Es las 6 a.m. mientras el sol naciente ilumina acantilados de color naranja en el centro de Armenia. Es tan tranquilo que incluso el zumbido de una abeja a distancia se puede escuchar. Botellas de Coca-Cola llenas de vino casero para venta se alinean en la estrecha carretera que conduce a acres de uvas creciendo en silencio en un viñedo inusual. A 1,300 metros de altura, el paisaje se extiende hasta el horizonte, con montañas cubiertas de nieve en la distancia. El aire es fresco y limpio, y el olor a uvas madura llena el ambiente.
En este viñedo, los viticultores están trabajando arduamente para restaurar el patrimonio del vino de Armenia mientras protegen los ecosistemas. La región es conocida por sus vinos de alta calidad, pero la industria ha estado en declive en los últimos años debido a la falta de inversión y la competencia con vinos extranjeros.
Los viticultores están utilizando técnicas tradicionales para cultivar las uvas, como la poda y la cosecha a mano. También están implementando prácticas sostenibles para proteger el suelo y el agua, como la rotación de cultivos y la conservación de la biodiversidad.
El resultado es un vino de alta calidad que no solo es delicioso, sino que también es sostenible. Los viticultores están orgullosos de su trabajo y están trabajando arduamente para promover el vino armenio en el mercado internacional.
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