Treinta metros bajo la superficie del mar, un sonido reverbera por el arrecife. Cientos de meros del Caribe (Epinephelus striatus) se congregan en un frenesí de cortejo que sucede una sola vez al año. Vocalizan. Cambian de color. Danzan en espiral unos alrededor de otros. El propósito: asegurar su reproducción. Su rugido particular se […]
Fuente: Ver nota original

