Brasil es el mayor consumidor y importador de carne de tiburón del mundo. Pero no solo son restaurantes y tiendas de comestibles — una investigación de Mongabay encontró que las agencias gubernamentales del país han comprado miles de toneladas de carne de tiburón para servirla en escuelas, hospitales, prisiones, bases militares, refugios para personas sin hogar y otras instituciones públicas. Los hallazgos plantean serias preocupaciones sobre la gestión de los recursos marinos y la protección de las especies en peligro de extinción.
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