La madrugada de Reyes cambia la rutina familiar: visitas, ruido, bolsas, comida fuera de horario. Para perros y gatos, esa mezcla puede ser emocionante, pero también estresante. Qué riesgos se repiten cada año y cómo prevenirlos.
A las dos de la madrugada, la casa se mueve distinto. Hay pasos suaves, bolsas escondidas y una expectativa que se siente hasta en el aire. En el piso, sin embargo, el clima puede ser otro: perros que siguen cada sonido como si fuera una alarma, gatos que desaparecen en su escondite favorito y animales que, sin entender qué pasa, perciben que “algo raro” está ocurriendo.

La noche de Reyes Magos es una de esas celebraciones que alteran la rutina sin que nos demos cuenta. Y para las mascotas, la rutina es un idioma: horarios, ruidos, personas, puertas, comida. Cuando ese idioma cambia de golpe —timbre, visitas, niños excitados, movimientos extraños— aparecen los mismos problemas de siempre, pero con una diferencia: la mayoría se puede prevenir con medidas simples.
La otra cara de una noche esperada
En muchos hogares, el riesgo número uno es el más básico: la puerta. Entre entradas y salidas, la distracción dura segundos. Un perro nervioso puede intentar salir; un gato asustado puede aprovechar un descuido. Por eso, quienes conviven con animales recomiendan algo tan obvio como efectivo: si hay movimiento, correa o arnés antes de abrir, y identificación al día (chapita, datos actualizados).
El segundo gran riesgo es la comida fuera de rutina. En fiestas familiares es común que “caiga” un pedacito de acá y otro de allá: restos grasos, dulce, panificados. Y ahí aparece el combo que más consultas genera: atracón + alimentos inapropiados. Chocolate, uvas o pasas, cebolla y ajo, alcohol y chicles o dulces con xilitol son ejemplos conocidos por el potencial daño que pueden causar. A eso se suman los huesos cocidos, que pueden astillarse y provocar problemas digestivos.

El tercer riesgo es silencioso: lo que queda en el piso. Cintas, moños, envoltorios, pedacitos de plástico, pilas, juguetes pequeños de niños. Muchos animales exploran con la boca. Esa curiosidad, esa noche, se multiplica.
Estrés: no siempre se ve como “miedo”
No todas las mascotas reaccionan igual. En perros puede aparecer jadeo, temblores, llanto, hiperactividad o búsqueda constante de atención. En gatos, la señal típica es la invisibilidad: esconderse, evitar contacto, dejar de comer por horas o mostrarse irritables. En animales rescatados o con ansiedad previa, la noche puede ser especialmente sensible.
La recomendación más repetida es anticiparse: habilitar un espacio refugio (habitación tranquila, cama, agua, luz baja), mantener horarios normales lo más posible y, si habrá muchas visitas, evitar que el animal quede “en el centro del caos”. Una caminata previa ayuda en perros; en gatos, sumar rascadores o lugares altos les da control del entorno.
Reyes responsables: ¿mascota como regalo?
En paralelo, cada enero vuelve un debate incómodo: ¿una mascota puede ser un regalo? La mayoría de organizaciones de rescate coincide en un punto: lo que falla no es el cariño, es la sorpresa. Adoptar o comprar un animal sin acuerdo y sin plan suele terminar mal: falta de tiempo, costos inesperados, problemas de convivencia, devoluciones o abandonos.

Por eso, la tendencia que crece es otra: celebrar la fecha con regalos que sí tienen sentido —placa, correa, cama, rascador, juguetes seguros— o incluso transformar la ilusión en un gesto solidario: donar alimento, apadrinar un animal, colaborar con refugios. Es una forma de mantener la tradición sin convertir a un ser vivo en un impulso.
La magia también es cuidar
Reyes Magos es una noche de símbolos: dejar agua, pasto o algún gesto para quienes “llegan”. En 2026, muchos hogares suman un símbolo más: que la celebración no tenga costo oculto para quien vive con cuatro patas. Porque cuando la ilusión termina, lo que queda es lo de siempre: la convivencia. Y en esa convivencia, el mejor regalo suele ser el más simple: seguridad, rutina y cuidado.

