En eco.laracampiglia.art entendemos que la crisis ambiental no es un accidente ni un error de cálculo: es el resultado directo de decisiones políticas, modelos económicos y formas de habitar el mundo que han puesto al beneficio inmediato por encima de la vida.
No creemos en la neutralidad frente a la destrucción ambiental. Informar sin contexto, sin ética y sin responsabilidad también es tomar partido.
Este proyecto asume una posición clara:
la defensa del ambiente, del territorio y de las comunidades no es ideología, es conciencia civilizatoria.
Nuestro enfoque editorial se basa en tres principios fundamentales:
Rigor
La información que publicamos se apoya en fuentes contrastadas, datos verificables y análisis responsables. Rechazamos el sensacionalismo, la exageración y la manipulación emocional como herramientas de comunicación.
Contexto
Los conflictos ambientales no existen en el vacío. Cada noticia se inscribe en una trama social, política, cultural y económica que debe ser comprendida para no ser reducida a titulares superficiales.
Compromiso ético
No somos un medio partidario ni corporativo, pero sí un espacio con valores explícitos. Denunciamos el greenwashing, cuestionamos los discursos que vacían de contenido la palabra “sustentabilidad” y señalamos las contradicciones entre el discurso y la práctica.
Creemos en la comunicación como herramienta de conciencia y en la movilización digital como forma legítima de presión democrática. Informar también es habilitar preguntas, generar debate y construir pensamiento crítico colectivo.
Este espacio está impulsado por Lara Campiglia, pero no se concibe como una voz única. Aspiramos a ser una plataforma abierta al intercambio, a la participación y al cruce de miradas que enriquezcan la discusión ambiental.
El arte, la palabra y la reflexión no son adornos: son instrumentos para imaginar otros futuros posibles cuando los modelos vigentes muestran sus límites.
Publicar en eco.laracampiglia.art es asumir que el cuidado del ambiente es inseparable del cuidado de la vida, y que nuestra responsabilidad no termina en el presente, sino que se proyecta hacia quienes aún no tienen voz.
Este manifiesto no es una promesa: es una práctica.
