En el extremo norte de la región de Coquimbo, un grupo de seis pescadores lleva una década aprendiendo a cultivar ostras, ostiones y piures en las mismas aguas donde sus vecinos extraen locos, machas y algas. Lo que empezó como un experimento fallido —un tsunami se llevó todo en 2016— se convirtió en un modelo de sostenibilidad y resiliencia para la pesca artesanal en la zona.
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