Una noche, Sebastián Montilla, de 10 años, escuchó a un ser vivo moviéndose sobre una rama de un árbol en la finca de su padre en Pijao, departamento de Quindío, una de las regiones cafeteras más renombradas de Colombia. Al apuntar una linterna hacia la copa del árbol, vio a un ser salvaje con ojos rojos grandes y una cola larga mirándolo antes de alejarse de […]
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