Destruir las instalaciones es una violación del derecho internacional que podría causar una crisis humanitaria en la región más acuática de la Tierra. Potenciar las plantas con electricidad de combustibles fósiles plantea amenazas adicionales a largo plazo.
Los recientes ataques en el Oriente Medio contra plantas de desalinización, instalaciones que eliminan la sal del agua del mar, aumentan el potencial de una crisis humanitaria si las instalaciones de producción de agua dulce de la región están sometidas a una destrucción más generalizada. Los ataques también subrayan la pesada dependencia de la región de un método intensivo de producción de agua potable que es alimentado casi totalmente por combustibles fósiles.

