Jhoana Garrido, una mujer indígena de Arquía, un resguardo del pueblo kuna en el Darién chocoano, en Colombia, tenía 14 años el día en que descubrió el poder del agua. Desde niña había escuchado a las mujeres mayores y a los sabios hablar del agua como una madre, como lo primero y lo primordial en la vida. Pero fue en ese momento cuando comprendió plenamente el significado de esa sabiduría ancestral. Había estado ayudando a su madre a recoger frutas en el río, cuando se le cayó un pez de las manos. En lugar de dejarlo ir, decidió cogerlo y llevarlo a su madre, que lo cocinó para que comieran. Fue entonces cuando Jhoana se dio cuenta de que el agua era la fuente de vida, y que debía ser tratada con respeto y cuidado.
Desde ese día, Jhoana se convirtió en una defensora del agua y de la vida acuática. Trabajó con su comunidad para proteger los ríos y los lagos, y para enseñar a las nuevas generaciones a respetar y cuidar el agua. Su trabajo no pasó desapercibido, y pronto se convirtió en una figura destacada en la lucha por la protección del agua en el Darién.
La tenacidad de Jhoana es un ejemplo inspirador para las comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes del Darién, que han estado luchando por proteger sus vidas acuáticas y sus territorios. Su historia es un recordatorio de la importancia de la protección del agua y de la vida acuática, y de la necesidad de trabajar juntos para preservar la biodiversidad y la salud del planeta.
Fuente: Ver nota original

